Qué problema trabajamos
Un comité nuevo, una reorganización o un equipo que crece pueden necesitar revisar cómo deciden y se apoyan. El programa encaja cuando existe una situación de trabajo sobre la que el grupo puede actuar y disposición para revisar sus acuerdos después.
Qué os lleváis
Un mapa de carga compartido: quién sostiene, quién ejecuta y qué necesita seguimiento. A partir de la conversación, el equipo concreta cambios con responsables y fechas. No prometemos transformar la cultura en una jornada; proponemos un punto de partida que pueda ponerse a prueba en el trabajo.
Cómo concretamos la propuesta
Formato, duración, participantes, espacio y condiciones de participación se concretan antes de confirmar. El presupuesto depende de ese alcance. La sesión física requiere validar equipo facilitador, espacio, seguridad y cobertura aplicable; una consulta por la web no equivale a una reserva confirmada.
Antes de encontrarnos: una situación concreta
Para preparar El Primer Castell, proponemos empezar por una conversación con la persona que impulsa el encuentro. Nos interesa una situación que el equipo reconozca: una decisión que vuelve una y otra vez al mismo despacho, un relevo entre áreas que no termina de funcionar o una prioridad que compite con el trabajo diario. No hace falta traer una presentación perfecta. Resulta más útil describir qué ocurrió, quién necesitaba apoyo y qué quedó pendiente. Esa pregunta orienta la experiencia y el cierre. Acordamos también qué información puede compartirse en el grupo y qué asuntos conviene tratar en otro espacio.
Un recorrido con tiempo para observar
La secuencia que proponemos tiene cuatro momentos: situar la pregunta, vivir una experiencia compartida, leer lo ocurrido y concretar qué cambiar. El horario se adapta al grupo y al espacio; antes de confirmar recibiréis una agenda con tiempos, pausas y condiciones de participación. En la experiencia castellera prestamos atención a cómo se pide ayuda, cómo circula la información y cómo encuentra cada persona su lugar. En el debrief volvemos sobre hechos observables, sin convertir una conducta puntual en una etiqueta personal. La conversación debe permitir que quienes han vivido la misma situación de manera distinta expliquen qué vieron y qué necesitaron.
Cómo puede quedar un acuerdo: ejemplo ilustrativo
Imaginad un equipo en el que todas las excepciones acaban en la dirección general. El mapa podría mostrar que falta un criterio compartido para decidir cuándo escalar. Un acuerdo de salida sería describir qué decisiones puede cerrar cada área, qué información necesita de las demás y en qué momento pide ayuda. La persona responsable llevaría ejemplos a la revisión para comprobar si el criterio sirve o hay que cambiarlo. Es una situación ilustrativa, no un caso de cliente ni una promesa de resultado. El valor del mapa está en ayudar a formular un cambio comprobable en vuestro contexto, no en producir un dibujo atractivo.
Preguntas para decidir si encaja
¿Hace falta experiencia castellera? Diseñamos la participación según las características del grupo. ¿Todo el mundo debe asumir el mismo papel? Acordamos alternativas adecuadas sin presionar a nadie. ¿Podemos contratar solo una parte? Lo valoramos según la pregunta que queréis trabajar y el tiempo necesario para abordarla.
La revisión después de la experiencia
En la revisión comprobamos qué se ha podido poner a prueba: ¿se pidió ayuda antes?, ¿quedó claro quién decidía?, ¿llegó la información que faltaba? Recogemos lo que funcionó y lo que no cambió. Si un acuerdo no pudo aplicarse, examinamos qué lo impidió. El mapa de carga puede ajustarse a partir de esos ejemplos. El acompañamiento adicional, su duración y sus participantes se concretan en la propuesta.
